¡Primavera desbordada!
El mundo entero defiende el reducto de una resurrección, iluminando su prodigio, se convierte en un “Big Bang” anual, obra de un mago invisible, que nos reúne y nos convoca al asombro y a la esperanza de esta maravilla de la naturaleza.
Mi tierra da su fruto descomunal e imparable: alegre, dulce, cálido, vivo y jugoso.
Mis manos se abren a la expectativa de las verdes ramas repletas de hojas, flores y deseados pétalos, mientras un leve suspiro de los astros, roza mi piel con el murmullo de las nubes acompañado de primerizos gorriones recién llegados.
Me fundo con el ocaso de una nueva temperatura agradable, siento el fondo del universo en mi boca y no puedo dejar de pronunciar una y otra vez un gustoso: ¡te quiero primavera!.
Me rindo a libres conciertos de hojas que se agitan, flamantes y sin fin, mientras el sol ya me regala sus rayos de tenue calor.
Ya está aquí la primavera: un arte de la biosfera que borra los recuerdos del remoto invierno, que desprende de las huellas del dolor, pariendo vida, mientras clava sus verdes uñas en el destino de mi preciado jardín.




































