domingo, 23 de noviembre de 2014

ALBERGUE DE VACACIONES



Las tostadas ya han saltado de la tostadora en su punto de color dorado, un poco de mantequilla y un poco de mermelada de naranja con un vaso de cola-cao bien frío era mi desayuno en aquella mañana del mes de Julio, con mi sexto curso de EGB recién terminado.
Había prisa, en media hora tenía que estar en la escuela con todo listo para partir en autocar con dirección a la casa de colonias que tenían los curas que regentaban la escuela y que se encontraba ubicada en unas lejanas montañas de nuestro país. Las colonias duraban 15 días de deporte, convivencia, risas, compartir, excursiones, piscina, etc....
Año tras año se organizaban las esperadas colonias de verano, a las que siempre, habían muchas más solicitudes que plazas disponibles. Aquel año mi mejor amigo tuvo un gran disgusto, sus padres como caso excepcional, cursaron la solicitud  con toda la ilusión de su hijo y como premio por aprobar el curso con unas buenas notas, pero el destino hizo que no hubiese plaza para él en ese cálido y esperado verano del 79. Al despedirnos a final de curso le hice la promesa de que algún día estaríamos juntos en la fantástica casa de colonias. 
Después de los años y habiendo mantenido nuestra amistad desde la infancia cuando nos conocimos en el parvulario, hoy hemos emprendido el viaje para cumplir aquella promesa hecha hacía tantos y tantos años sin que ninguno de los dos la olvidase ni por un momento.
Al llegar al lugar, la duda y la incomprensible desolación ha emborronado mi memoria y ha intentando modificar mis buenos recuerdos en aquellas casas que de tanto esplendor habían brillado y nos habían hecho disfrutar de todos y cada uno de los minutos vividos en ellas.