Es verano, hace un calor intenso y concrétamente ya estamos en los esperados días de vacaciones. Federico aprovecha cada año para pasar todo el mes de vacaciones en el "Gran Balneario La Puda" acompañado de su esposa. Ellos son clientes habituales y ya tienen allí su círculo de amistades con los que programan coincidir el máximo de días posible en el balneario. Federico padecía una patología cutánea desde muy joven, una Psoriasis aguda, y por eso varios años atrás había escogido las aguas sulfurosas del balneario para apaciguar eso que tanto le preocupaba. Había acudido a diferentes médicos de prestigio, cuidó con esmero y constancia, todos los tratamientos y recomendaciones que le fueron proponiendo, aunque con muy poco éxito. Tomando el sol obtenía unos buenos resultados aunque en el futuro le produjo pequeñas afloraciones de cáncer de piel que hubo que estirpar.
El Gran Balneario es genial, se dice que a partir de un terremoto, empezaron a emanar aguas sulfurosas muy adecuadas para las afecciones cutáneas.
Es un establecimiento muy visitado por la burguesía catalana de aquellos años de los inicios del siglo XX. Una entrada a través de un paseo de majestuosos y frondosos árboles centenarios por donde los clientes hacen su entrada con sus automóviles lleva hasta las puertas del complejo. Es un lugar idílico, hagamos un pequeño silencio y escuchar conmigo, es el sonido de las aguas del río, pasa a muy pocos metros del edificio, es muy apetecible de visitar y sentarse a la orilla observando la naturaleza a nuestro alrededor. Pero a los clientes lo que más les gusta es la zona de baños, se encuentra en el gran sótano del edificio.
Federico quedó impresionado el día que pudo disfrutar por primera vez de aquellas aguas. Un pasillo con pequeñas salas a cada lado, una arquitectura de arcadas y grandes orificios pensado para ventilar toda la estancia de aquellos vapores, el sonido del agua que brotaba en una fuente, grandes bañeras de mármol, etc....
En 1958 llegó la tristeza de Federico, lo pudo leer en la prensa, una gran lluvia acompañada de una gran riada, inundaron todos los sótanos de agua y barro dejándolo en un estado catastrófico para siempre.
Y actualmente, puedo decir, que aquella agua sulfurosa que un día empezó a brotar, sigue brotando sin parar, con fuerza y sus mismas propiedades terapéuticas, entre la runa, el abandono y el olvido, de lo que para muchos fue una esperanza de curación a sus enfermedades crónicas.