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sábado, 17 de junio de 2017

NIGHT CLUB


Las 23.00, esa era la hora de los tíos gordos, pesados y borrachos o bolingas, como más os guste, soltando esa especie de baba de caracol sobre la barra del Club Silvey, y a la vez, cansada de esquivar los constantes intentos de ligar conmigo. Una camarera de buen ver, 22 años recién cumplidos con un escote del noventa y cinco que fija hasta las miradas perdidas en el aburrimiento de todos aquellos desafortunados en amores allí presentes cada noche.
Algunas noches se asomaban a la barra hombres con algo más de buena presencia que hacían subir la media, pero aún y así, el ambiente distaba mucho de ser un lugar de encuentro de príncipes azules, más bien era una charca de aguas estancadas y pestilentes llena de sapos a los que no apetecía nunca besar a ninguno de ellos.
Era consciente de que yo valía mucho más que ese desagradable trabajo pero por el momento no tenía otra elección, aquella temporada el éxito era una cuestión de pura supervivencia.
Por un salario mínimo tenía que sufrir el acoso de sus miradas posándose sobre mí, desnudándome poco a poco, tal vez debería estar contenta, halagada, complacida, todo lo contrario, a cada día que pasaba más asco me daban. Además debía cumplir con la repetitiva rutina de siempre: lavar, enjuagar, secar vasos, servir, recoger, aguantar esas aprovechadas manos sueltas que tocaban mi cuerpo al menor despiste, pero siempre pensé que una gota de agua basta para hacer colmar el vaso, provocar una gran cascada y cambiarme la vida de una vez por todas.
Unos minutos más tarde de divagar por mis reiteradas reflexiones, entró por la puerta, decidido, prepotente como de costumbre y gritando con voz rota por el exceso de alcohol en su cuerpo descuidado: 
"Nena!!!,,, un Gin-tonic, de los de siempre cuando vengo a por ti!!"
Levanté la mirada y dejé de soñar para darme cuenta de que la noche iba a ser exageradamente larga y repugnante, vamos, otra vez más para no recordar.

















martes, 28 de marzo de 2017

VALVERDE DEL CAMINO


Mi estómago ya ronroneaba, las 14:15 y allí pocas señales para acercarse a sentarse a la mesa para comer. Cuatro platos sobre la mesa, tres copas y un vaso pequeño, la cubertería de los días especiales estaba perfectamente colocada y ordenada.
Mi padre y mi madre discutían en la cocina mientras yo jugaba en la sala, no presté atención a los reproches y poco me importaban las recetas de cocina escogidas para el día de hoy.
Llegó un invitado, nunca lo había visto antes, por lo que me pareció, era ese compañero de trabajo del que ya había oído hablar repetidas veces, de él se comentaba que era un auténtico fanfarrón, bocazas y experto en realizar bromas de muy mal gusto, de las que dejaban huella en sus víctimas.
Mi madre salió de la cocina, fue el momento de sentarse a la mesa mientras ese estrafalario personaje explicaba las últimas bromas que había consumado y alardeaba de ellas en un tono burlesco y hasta desagradable, mientras soltaba una y otra vez risas desbocadas.
Hasta tres veces llegó a explicar la broma que le hizo a mi padre unos meses atrás. En un aperitivo le sirvió unas pequeñas gambas peladas y rebozadas, él las encontró riquísimas pero acabó enfermo cuando descubrió que en realidad la materia prima de aquel delicioso manjar eran gusanos de los que se usaban para pescar con caña.
El invitado a carcajada suelta, daba palmadas a mi padre en la espalda, la burla cada vez aumentaba su grado y además siempre le llamaba: "Valverde".
El segundo plato estaba en el horno, desprendía un aroma peculiar, agradable e irreconocible para mí, pescado no era, pollo tampoco, aunque tampoco quise preguntar. La boca del invitado ya se hacía agua, y en realidad, el suculento plato estaba especialmente horneado para él, con los mejores condimentos recién comprados en el mercado esa misma mañana con la finalidad de dejar gravado en su paladar aquel sabor tan singular para que lo recordase durante el resto de sus días.
Desde la cocina, mi madre dijo: Felipe!!, el segundo plato ha sido cocinado especialmente para ti y como queremos que disfrutes al máximo de él, te voy a colocar una venda en los ojos para que te puedas concentrar y degustar el plato en todo su esplendor.















miércoles, 30 de noviembre de 2016

BUCLE CON SALIDA



Tengo treinta y ocho años, dos hijos en edad pre-escolar y un perro al que nadie de la familia hace caso; también tengo un marido inexistente, el cual no me merezco y que no puede vivir sin mí. Sé que soy imprescindible, que si yo no estuviera en la vida diaria de esta familia esta quedaría detenida en el tiempo y en el espacio como si de física cuántica se tratara. Tal vez solo por eso continuo aquí, como en un bucle sin salida y sin conocimiento de esta realidad por parte ajena a mí.
Explico a mi hijo, desde mi único y limitado mundo de mujer, como la Patagonia se deshace en dos al partir el filete de América del Sur convertido en cena. Tiemblo mientras doy forma al puré de patata y separo Estados Unidos de Canadá, sé que siempre es difícil ser imparcial en los repartos, eso no es justo y no veo el momento de que lleguen mis minutos de descanso merecido como cuando sueño que me quedo buceando en mis envidiados momentos de tranquilidad personal que nunca llegan. Formulo demasiadas preguntas para una mujer que ignora casi todas las respuestas posibles.
Mi marido, cada noche tras cruzar la puerta de entrada recorre su trayecto habitual hasta el sofá y así día tras día sin ninguna diferencia al día anterior. El perro ladra reclamando un paseo, y yo, docilmente, le pongo el collar y camino por las solitarias calles del barrio sin un destino claro. De regreso, mis pensamientos toman forma inesperada, no es que me importe sacar al perro, ni hacer la comida, ni lavar la ropa, ni encontrarme sola educando a mis hijos. Es algo que va más allá... algo como, no sé,... 
Al final todo se me hace sencillo a la vez que definitivo, sin levantar sospecha alguna, abro el cajón de la cómoda, cojo el sobre con el dinero en efectivo de la mensualidad y paga extra de mi marido recién cobrado en el día de ayer y tras un largo silencio.... 
Miguel!, me voy a por tabaco.



















sábado, 24 de septiembre de 2016

FAMILIA FELIZ


Hoy me levanté y respiré tu aroma por mi habitación, te veo con mi camisa azul cielo como pijama particular, escucho tus "buenos días" susurrado a mi oído, tus labios me rozan y terminan juntándose con los míos concluyendo en un dulce beso matutino, tu sonrisa es mi despertador de la rutina asesina, pero todo esto es un sueño, un sueño que se repite cada noche y nunca me devuelve al pasado. 
Alguna vez me han preguntado si repetiría lo que hice en el pasado y mi respuesta, sin duda, es...¡sí!. 
Estaría dispuesto a que aquella hechicera me inyectara de nuevo el veneno del amor para que tú, como ángel caído del cielo, aparecieras para socorrerme en el peor momento, aunque lo único que quiero y pido es un desenlace alternativo, me niego a echarte como hice en su día por la puerta de atrás marchando contigo los sueños incumplidos y las promesas fallidas. Solo deseo que regreses y te mantengas conmigo incluso en los momentos que me merezco una fuerte bofetada a mano abierta. 
Ciertas personas me dicen que busque otra mujer, otra que me hará olvidar, ¿pero como voy a olvidar a la ladrona de corazones que en tan poco tiempo me hizo creer en la mierda llamada amor cuando además todo iba cuesta abajo?.
Miro fotos, leo tus cartas y añoro los recuerdos a tu vera, ¿por que?, esa pregunta me ronda la cabeza después de tantas noches de vigilia buscando las palabras que puedan justificar los hechos acontecidos. Y pensar que todo esto viene por una mala elección y en este asunto no existe el rescate ni la vuelta atrás. Ante tan duras afirmaciones me quedo mirando por la ventana como llega la noche, mientras el tabaco me consume por dentro, la noche es mi única compañera y a mi alrededor todo sigue igual como aquel fatídico día.