Sabía que llegaría este momento y aunque me he intentado preparar numerosas veces, la duda siempre me enturbia el pensamiento, y ahora, en el momento de la verdad, aún no sé cuál es mi elección más adecuada. La seguridad de una relación sólida, duradera y también sincera o la intrigante aventura de una locura de amor con viaje a lo desconocido, sin freno, y disfrutando del presente. ¿Que era mejor?, ¿Lo establecido o lo inexplorado?, ¿la rutina o el dejarme llevar sin pensar en el mañana?. El tiempo de reflexión ha sido agotado, es el momento, a la vez que hablo noto que me hago daño por dentro. Decide!, hazlo ahora o no podrás nunca jamás, vamos, o mejor no, mejor no lo hagas, deja la mente en blanco y espera al primer pensamiento decidido. No puedo hacerlo. No quiero hacerlo. No debo hacerlo. Te miro con lágrimas en los ojos y en tu expresión hallo la verdad escrita en tus pupilas y el temblor de tus manos me contagia. Lo desconocido me provoca, pero también me evita, y yo no soy ese tipo de persona cuyo valor le conduce a otros mundos desconocidos. Lo siento, es lo único que te puedo decir. Me lanzo a tus brazos, me abrazas con fuerza, como siempre. Espero que lo entiendas. Lo entiendo y lo odio, no es justo, sea quien sea el que escribe esta historia, juega con nosotros a su antojo y disfruta con nuestro sufrimiento, nos adjudica fuertes emociones y se alimenta de nuestras lágrimas como el vampiro de la sangre de sus víctimas. Te comprendo, lo digo sin mentir y con la voz quebrada. Al menos la angustia ya ha cesado, por fin me quedo liberado, las cosas quedan claras y como se suele decir: "ahora doy comienzo a una nueva vida".
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miércoles, 28 de junio de 2017
sábado, 17 de junio de 2017
NIGHT CLUB
Las 23.00, esa era la hora de los tíos gordos, pesados y borrachos o bolingas, como más os guste, soltando esa especie de baba de caracol sobre la barra del Club Silvey, y a la vez, cansada de esquivar los constantes intentos de ligar conmigo. Una camarera de buen ver, 22 años recién cumplidos con un escote del noventa y cinco que fija hasta las miradas perdidas en el aburrimiento de todos aquellos desafortunados en amores allí presentes cada noche.
Algunas noches se asomaban a la barra hombres con algo más de buena presencia que hacían subir la media, pero aún y así, el ambiente distaba mucho de ser un lugar de encuentro de príncipes azules, más bien era una charca de aguas estancadas y pestilentes llena de sapos a los que no apetecía nunca besar a ninguno de ellos.
Era consciente de que yo valía mucho más que ese desagradable trabajo pero por el momento no tenía otra elección, aquella temporada el éxito era una cuestión de pura supervivencia.
Por un salario mínimo tenía que sufrir el acoso de sus miradas posándose sobre mí, desnudándome poco a poco, tal vez debería estar contenta, halagada, complacida, todo lo contrario, a cada día que pasaba más asco me daban. Además debía cumplir con la repetitiva rutina de siempre: lavar, enjuagar, secar vasos, servir, recoger, aguantar esas aprovechadas manos sueltas que tocaban mi cuerpo al menor despiste, pero siempre pensé que una gota de agua basta para hacer colmar el vaso, provocar una gran cascada y cambiarme la vida de una vez por todas.
Unos minutos más tarde de divagar por mis reiteradas reflexiones, entró por la puerta, decidido, prepotente como de costumbre y gritando con voz rota por el exceso de alcohol en su cuerpo descuidado:
"Nena!!!,,, un Gin-tonic, de los de siempre cuando vengo a por ti!!"
Levanté la mirada y dejé de soñar para darme cuenta de que la noche iba a ser exageradamente larga y repugnante, vamos, otra vez más para no recordar.
martes, 23 de mayo de 2017
¿QUE ES UN GRITO?
¿Qué es un grito?, algunas veces es tan solo una mirada al dolor del que nadie se percata, quizás una exclamación ahogada en un mar de silencio desde hace décadas. Por mi parte, grito más veces de las que me gustaría admitir, aunque por suerte o por desgracia, nadie es consciente de ello. Cada día mí cuerpo y mi mente gritan, gritos que no llegan a ningún destino del presente, claman por la libertad de la que tanto presumo, pero la cual realmente no poseo. Prisionero de estas paredes y aunque ni tan siquiera hay cristales en algunas ventanas, estoy atrapado, mi boca no emite sonido alguno, esboza una caricatura de esfuerzo intentando emular un gesto visible y contundente, obteniendo un resultado cuanto menos que nulo. Esta ciega situación ha derivado sin duda del sentimiento de soledad que cohabita conmigo, si bien recuerdo, esto me sucede desde los inicios del siglo pasado. Todavía recuerdo como si de una brisa fresca de primavera se tratase, aquellos fugaces instantes en los que fui completamente feliz en la plenitud de esta mansión suntuosa. A mi memoria acuden traicioneros fragmentos de aquella alegría y las promesas de vivencias futuras colmaban mis sentidos, provocando que las pupilas de mis ojos se dilataran, como víctima del consumo de sustancias alucinógenas. Y es que no hay droga más adictiva que la euforia de la juventud. Ahora, de esas fragantes llamas, tan solo quedan los restos en los recodos de las esquinas, un pedacito de mi muere viendo salir el sol cada día, estrella culpable de emitir la luz encargada de esclarecer el paso del tiempo. Diría que aunque soy una criatura nocturna, ya no puedo esconderme en la oscuridad, beneficiarme de la complicidad que me otorgan las sombras, pero ninguna me indica el camino a seguir para salir de esta soledad en la que me hallo sumergido. Aquí estoy, me imagino pálido y más delgado de lo aconsejable, no dispongo de cuerpo, soy algo efímero, inexistente, un ente viviendo en mi cárcel donde solo yo soy mi único verdugo. La frustración carcome por dentro cuando tú eres tu propio enemigo, causante de todas las derrotas, sin poder esconder los puntos débiles, esta etapa está siendo una vida realmente dura. Soledad es una palabra compuesta por siete letras, igual que sonrisa, siete letras, y revisando mis recuerdos no consigo recordar a nadie que pudiese soportar su soledad con una grata sonrisa.
Respondiendo a mi pregunta inicial, un grito puede durar un suspiro, pero también puede prologarse toda una eternidad, y tanto tiempo alzando la voz desde el vacío de mi corazón no me hace ningún bien, quizás ha llegado el momento de darle un respiro, de dejarlo descansar, tampoco importa cuanto he elevado la voz, nadie va a poder escucharme nunca en esta encallada transición sin desenlace.
Respondiendo a mi pregunta inicial, un grito puede durar un suspiro, pero también puede prologarse toda una eternidad, y tanto tiempo alzando la voz desde el vacío de mi corazón no me hace ningún bien, quizás ha llegado el momento de darle un respiro, de dejarlo descansar, tampoco importa cuanto he elevado la voz, nadie va a poder escucharme nunca en esta encallada transición sin desenlace.
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